🌟 Todos somos Magos
Todos somos magos, seres de luz, creadores, sanadores e iguales.
Todos poseemos dones, y esos dones potencian nuestro poder interior.
Pero aunque la magia vive en nosotros, muchas veces no tenemos fe.
La duda en uno mismo es tan profunda que nos vuelve sordos…
y ese silencio interior bloquea el instinto, que es la voz pura del alma.
Solo a través del instinto llegamos al despertar,
a ese regreso a la unidad con la naturaleza, con lo creado, con el amor.
El instinto es la llave, la libertad, jamás un límite.
Sin embargo, desde el primer segundo de vida comenzamos a perder esa capacidad.
Al alejarnos de la pureza, de esa belleza natural de ser como hojas en blanco,
empezamos a llenarnos de aprendizajes impuestos: el miedo, el ego, la vanidad.
Al crecer, los confundimos con señales de madurez,
y sin darnos cuenta despreciamos al instinto,
dejando que nuestra vanidad nos vuelva cerebrales, materialistas,
devoradores de normas, ambiciosos, imitadores de lo ya hecho.
Cuando algo rompe ese esquema, el miedo nos domestica.
Juzgamos y atacamos todo lo que es diferente,
hasta aislarnos en nuestros propios modelos,
olvidando que la verdadera sabiduría nace del sentir.
Afortunadamente, la naturaleza sigue siendo salvaje, intuitiva y perfecta.
Todo ser vivo siente.
Solo el ser humano se pierde en su pensamiento.
Un mago, en cambio, aplica el sentir y lo convierte en un instrumento de sabiduría.
Se guía por el corazón, no por la mente.
Porque así como los árboles y los animales no piensan, pero están en equilibrio,
la Tierra sí piensa, el mundo sí piensa…
pero a diferencia del ser mundano, lo hace con el corazón.
💫 El pensamiento mágico
El verdadero pensamiento mágico está completamente en el corazón.
Ahí reside la intuición, la verdad y la conexión con el Todo.
La diferencia entre un mago y un ser mundano
es que el primero deja que su sabiduría se guíe por el amor,
mientras que el segundo busca la razón en su mente, olvidando que el alma
ya lo sabe todo.
Cuando recordamos que somos parte de la Tierra,
cuando volvemos a sentir, a amar, a confiar,
entonces recuperamos nuestra magia.
Porque la magia no se aprende: se recuerda.
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