🌸 Las Cicatrices del Alma
Todos llevamos una cicatriz: el recuerdo de una herida que un día dolió, sangró y pareció imposible de sanar.
Con el tiempo, la herida se cierra, la piel se recompone y queda la marca: una señal indeleble de lo vivido, un testimonio silencioso de nuestra fortaleza.La vida, desde el nacimiento, es una batalla en la que acumulamos heridas —propias y ajenas.
Las relaciones humanas son, quizá, los campos donde más se hiere y más se aprende.
Desde la relación entre padre y madre hasta los vínculos amorosos, todos dejan huellas.
Cuando el amor no fluye, el alma del niño o del adulto sangra en silencio, y esa herida, si no se atiende, puede acompañarnos toda la vida.Las heridas del alma no se ven. No sangran. No encienden alarmas.
Pero desgastan la energía vital, apagan la alegría y erosionan el espíritu.
A diferencia del cuerpo, el alma no puede ser cosida por manos ajenas.
Nadie puede curar por nosotros lo que no se ve: cada alma debe sanar sus propias heridas.Sanar no es olvidar.
Es dejar de sangrar por dentro.
Es reconocer el dolor, comprenderlo y devolverle al amor su lugar.
Porque la sanación verdadera nace del amor hacia uno mismo.
Amarnos implica dejar de alimentar el odio, el rencor o la culpa.
Implica alejarnos de aquello o de quienes nos hieren y elegir entornos donde la paz pueda florecer.Amarnos es también mirar nuestras cicatrices sin dolor, sabiendo que ellas cuentan nuestra historia.
Ya no duelen, pero nos recuerdan lo que superamos.
El tejido del alma, como la piel, se regenera con el tiempo, el perdón y la luz.Cuando sanamos nuestras heridas, el flujo de vida vuelve a nosotros.
El alma deja de supurar y comienza a brillar.
Entonces comprendemos que cada herida fue maestra, y cada cicatriz, un símbolo de evolución.✨ Sanar es amar.
Y amar es liberarse para crecer en espíritu y vivir en paz. 🌿
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